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Proyecto mi voz

Artículos escritos por personas con discapacidad intelectual

Los libros son amigos. Cuidan nuestra memoria e inspiran nuestra imaginación. Viajan con nosotros y, a veces, tan solo nos esperan.

Un libro sobre la mesa de noche cuida nuestros sueños.

Pegado a la nariz, un libro nos da un beso de papel. Los libros se posan como mariposas en nuestras rodillas y nos abrazan como pájaros dándonos su libertad.

Sonia Betancort Santos
Prof. de Lengua y Literatura Universidad Camilo José Cela

Para celebrar su día, el de todos los libros, día de la muerte de Cervantes y Shakespeare, compartimos estos espléndidos relatos de nuestros estudiantes. Respondieron al reto de contestar a una pregunta misteriosa: ¿Qué pasaría si los árboles hablaran?

Además, esta año agradecemos una colaboración muy especial: Fernando Romo Martín, Capitán de Greenpeace, nos ha cedido estas bellísimas ilustraciones para acompañar los cuentos.

¡Gracias a todos los profesores, coordinadores y voluntarios que nos habéis ayudado a que esta actividad sea posible!

¡OS DESEAMOS UN FELIZ DÍA DEL LIBRO!


Una chica llamada Cassidy
Carlos Triguero Martínez (Carolo)
Estudiante de la Universidad Camilo José Cela del Experto Universitario en Competencias Sociolaborales.
Programa financiado por la FUNDACIÓN ONCE

Una chica, llamada Cassidy, vio en un tablón de anuncios un panfleto que anunciaba que la autora Sonia Galdós estaría en la Feria del Libro de Madrid. Cassidy se enteró de que un amigo suyo, Diego, iba a ir a Madrid para ver a su familia, así que le pidió que la llevara con él. Diego se lo pensó bien, pero al final aceptó.

En cuanto llegaron a Madrid, Diego dejó a Cassidy en la puerta del Retiro, donde era la Feria del Libro. Cassidy rápidamente vio a Sonia Galdós en una de las casetas. Se fue acercando poco a poco, pero aparecieron unos seguratas que la llevaron a un lugar apartado y le preguntaron si necesitaba ayuda. Cassidy, muy nerviosa, les explicó que solo quería hablar con Sonia Galdós. Uno de los seguratas le comentó que para ello era necesario comprar el libro y esperar la cola. Los seguratas se empezaron a reír de Cassidy debido a la ropa que llevaba, y ella, que no podía más, intentó pasar entre ellos, pero lo único que consiguió fue que la empujaran y cayera a un charco, en el cual empezó a llorar.

Sonia Galdós se percató de que Cassidy estaba en el suelo llorando, así que dejó de firmar, se acercó hacia ella y le pregunto qué le había pasado. Cassidy sorprendida le contó todo. Entonces Sonia decidió llamar a unos policías para que detuvieran a los seguratas por lo que habían hecho y le prometió a Cassidy ayudarla con su sueño de escribir. Tanto le emocionó a Sonia la historia de Cassidy que la invitó a viajar con ella a Tenerife. Cuando Sonia acabó la firma de libros, llevó a Cassidy a su casa para que pasara la noche, le dejó ropa y por la mañana salieron directamente al aeropuerto.

En Tenerife, Sonia tenía pensado llevar a Cassidy a un restaurante muy recomendado, “El diablo”, pero debido a su ubicación decidió llevarla a otro restaurante que conocía bien, “La posada del Pez”. De vuelta al apartamento, pasaron a ver el Drago Milenario. Allí descubrieron a un científico que intentaba dar vida al árbol mediante un brebaje. En el instante que el líquido tocó al árbol, este empezó a hablar. Aunque no tenía muchas ganas, más bien quería volver a dormir, empezó a contar parte de su larga vida de mil años a los presentes que miraban estupefactos, incluidas Sonia y Cassidy.

Ilustración de Fernando Romo Martín, Greenpeace

Durante el rato que el árbol estuvo hablando Cassidy fue tomando notas. Entre esas notas, se encontraba que el árbol adoraba el canto de los pájaros y el clima de Canarias. También que detestaba a algunas personas, como los leñadores, que solo querían matarlo. Cuando la historia acabó, el árbol cansado se volvió a dormir para siempre.

El resto del fin de semana, Sonia y Cassidy lo pasaron viendo lugares pintorescos de Tenerife. Antes de que Cassidy se marchara, Sonia le regalo su último libro, La sonrisa de los árboles, con una dedicatoria muy especial. Cassidy le prometió a Sonia que en cuanto escribiera un libro se lo dedicaría y regalaría.

Pasados unos días, Cassidy le comentó a Diego la idea de escribir un libro entre los dos, y este aceptó sin dudarlo. El libro trataba sobre las casas colgadas de Castilla La Mancha, ya que era un tema que ambos conocían muy bien. Más adelante decidió escribir un libro dedicado especialmente a Sonia Galdós, por su gran apoyo y el viaje que Cassidy nunca olvidaría. El título de ese libro fue Hospedaje en Villa Winter, el cual trataba sobre la casa Winter, la cual visitó Sonia Galdós en uno de sus viajes.

El segundo libro de Cassidy tuvo tanto éxito que hasta llegó a venderse fuera de España, así la chica llamada Cassidy pudo tener una mejor vida gracias a la ayuda de Sonia Galdós. Y, sobre todo, pudo seguir su sueño de ser escritora. Cassidy nunca se olvidó de Sonia y aún guarda la pluma que le regaló antes de coger el avión de vuelta a Madrid.


Un amigo y Zigor
Santiago Gómez Moreno
Estudiante de la Universidad Camilo José Cela del Experto Universitario en Competencias Sociolaborales.
Programa financiado por la FUNDACIÓN ONCE

Había una vez un mundo donde vivían los seres humanos y los árboles. Los humanos se comunicaban y hacían la vida que todos conocemos, mientras que los árboles eran como estatuas. Algunos estaban esclavizados a dar frutos y, otros, a dar flores. Los humanos eran irrespetuosos con los árboles, los utilizaban para sacar productos como frutas, papel, madera, entre otras cosas. Lo que no sabían los humanos es que los árboles se movían cada vez que hacía mucho viento.

Un día de fuertes ráfagas, un árbol se movía mucho, tanto, que parecía que estuviera andando. Un joven niño lo vio y dijo: —¡Ojalá que los árboles pudieran hablar para decir lo que sienten!

Al día siguiente, cuando el joven niño se levantó, vio a miles de árboles hablando, en especial, a uno que era muy pequeño, tan pequeño que no se le veía. El niño se puso a hablar con él y le preguntó:

—¿Por qué hablas?

A lo que el árbol contestó:  —¡Tú pediste un deseo y ese deseo se ha hecho realidad! Ahora somos más felices porque podemos pensar y decir cómo nos sentimos y todo gracias a ti, chico— dijo el árbol.

—¿Y por qué eres tan pequeño?— preguntó sorprendido el niño.

—Cada árbol es como es, igual que cada humano es como es, unos rubios, otros con ojos azules… Nosotros somos iguales, como vosotros, unos con hojas verdes, otros con hojas marones… a mí me tocó ser pequeño.

­Entiendo ­—dijo el chico—  pero todo tiene que ser como antes, estáis asustando a los humanos como decías vosotros. Por favor, ayúdame.

—Yo no puedo ayudarte, chico —contestó el árbol.

 —¿Por qué? ­— dijo el niño.

—Porque no tengo que ser yo el que rompa el deseo que tienes tú.

 —¿Y cómo hago?­— dijo el niño.  

—Espérate a que haga una noche de viento, por la noche dormimos como vosotros, acércate a un árbol y dile el deseo que tienes.

—Así que tengo que decir: “ojalá que los árboles no hablen”— replicó el niño.  

—Veo que lo has entendido— contestó el árbol.

Ese día llegó una noche fría de invierno con un viento terrible que demolía todo a su paso. El niño se acercó al árbol más cercano y dijo exactamente lo que su amigo Zigor le había indicado.

Al día siguiente, todo era como antes y aunque el niño estaba triste porque su amigo Zigor dejó de hablar, sabía que siempre le iba a escuchar.

Post Author: Maria Ubago

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